Desde el comienzo
mismo los seres, cuyo número es infinito, han tenido como su condición
intrínseca esencial el Estado perfectamente puro de los Iluminados; sabiendo
que esto también es cierto con respecto a mí mismo, me comprometo [a alcanzar]
la realización suprema.
Líneas
sobre el bodhichitta escritas por Longchenpa
(1308-63)*que
expresan el concepto de la Base en el Anuyoga
Nací en la
aldea de Guehug, en el distrito Chongrac de Degué,d en el Tibet oriental, en el
decimoséptimo día del décimo mes del año del Tigre de Tierra (8 de diciembre de
1938). Se dice que los rosales frente a la casa de mis padres florecieron aquel
día, a pesar de que estábamos en pleno invierno. Dos de mis tíos vinieron en
seguida a visitar a mi familia. Ellos habían sido discípulos de un gran maestro
llamado Azom Drugpa, quien había muerto unos años antes, y ambos eran ahora maestros
de dzogchen. A causa de palabras que su maestro
les había dicho antes de morir y del hecho de que él había legado ciertas
indicaciones especiales, a un hijo que habrían de tener mis padres después de
su muerte, ellos creían firmemente que yo era la reencarnación de aquél. Cuando
tenía dos años de edad, fui reconocido oficialmente como la re-encarnación de
un alto tulku' de la escuela ñingmapah y se me ofrecieron unos hábitos. No recuerdo
muchos de los detalles de lo que pasó entonces, pero sé que después de ello
recibí una gran cantidad de regalos.
Luego, a la
edad de cinco años, fui también reconocido por el decimosexto Karmapa y por el Situ
Rinpoche de aquella época, como la encamación de la Mente de otro gran maestro:
el último Choguiel'
—o sea, la re-encarnación del Shabdrung Ngawang Namguiel - del Estado de
Bhután. Ese título, que
significa “rey del dharma”, se daba a las re-encarnaciones del fundador del
Estado en cuestión,
quienes fueron sus máximos dirigentes hasta la entrada del siglo XX. Así pues,
me dieron numerosos
nombres y títulos —muchos sumamente largos y grandilocuentes— que yo nunca he
usado, pues
siempre preferí el nombre que mis padres me dieron al nacer, que es Namkhai
Norbu y que, a su manera, es también bastante especial. Norbu significa “joya”
y Namkhai significa “del cielo” o “del espacio”.
En los nombres tibetanos la utilización del genitivo es poco usual, pero mis
padres decidieron llamarme de ese modo porque, aunque habían tenido cuatro
hermosas hijas, durante años habían
estado anhelando tener un hijo. Tan fuerte había sido este anhelo, en efecto,
que habían contratado los servicios de un monje para que realizara para ellos
una invocación de Tara (ver ilustración y notas) durante un año entero pidiendo
que se cumpliese su deseo. Una noche este monje, quien
también se transformó en el tutor de mis hermanas, tuvo un sueño que interpretó
como un signo auspicioso.
Soñó que una hermosa planta crecía justo enfrente de la chimenea de la casa de
mis padres.
La planta
produjo una hermosa flor amarilla que se abrió y se hizo muy grande, y el monje
quedó convencido de que aquello indicaba el nacimiento de un niño varón. Más
adelante, cuando nací, mis padres estaban tan contentos que sintieron que yo
era un regalo de los cielos. En consecuencia, me llamaron “Joya del Espacio*',
que es el nombre que siempre he usado.
Mis padres
fueron siempre muy cariñosos conmigo. Al crecer, me transformé en un muchachito
tan travieso como cualquier otro, y fue en casa donde aprendí a leer y escribir.
Cuando niño, frecuentemente soñé que viajaba a gran velocidad, en lo que me parecía
ser un tigre, una extraña bestia rugiente. Nunca había visto un vehículo a
motor, ya que entonces no había ninguno en la parte del Tibet en que vivíamos.
Más adelante, por supuesto, viajé en muchos automóviles, y entonces reconocí
que era en dichos vehículos, donde me encontraba en mis sueños. Fue en mi
temprana adolescencia, cuando iba a caballo por la ladera de una montaña, que
una noche, al mirar la nueva carretera china que pasaba por abajo, vi camiones por
vez primera. El rojo de las luces traseras brillaba en los gigantescos camiones
que avanzaban con estrépito, y pensé que éstos se encontraban en llamas. También
soñé con extraños objetos voladores encendidos, que explotaban causando una
destrucción terrible. Ahora sé que lo que vi eran los misiles que se estaban
desarrollando muy lejos, en otras partes del mundo, aunque por suerte, todavía
no he visto en mi vigilia, la guerra que vi en sueños cuando niño.