lunes, 7 de octubre de 2024

1. Mi nacimiento, primeros años y educación, y de cómo llegué a conocer a mi principal maestro.

 


Desde el comienzo mismo los seres, cuyo número es infinito, han tenido como su condición intrínseca esencial el Estado perfectamente puro de los Iluminados; sabiendo que esto también es cierto con respecto a mí mismo, me comprometo [a alcanzar] la realización suprema.

Líneas sobre el bodhichitta escritas por Longchenpa

(1308-63)*que expresan el concepto de la Base en el Anuyoga

 

    Nací en la aldea de Guehug, en el distrito Chongrac de Degué,d en el Tibet oriental, en el decimoséptimo día del décimo mes del año del Tigre de Tierra (8 de diciembre de 1938). Se dice que los rosales frente a la casa de mis padres florecieron aquel día, a pesar de que estábamos en pleno invierno. Dos de mis tíos vinieron en seguida a visitar a mi familia. Ellos habían sido discípulos de un gran maestro llamado Azom Drugpa, quien había muerto unos años antes, y ambos eran ahora maestros de dzogchen.  A causa de palabras que su maestro les había dicho antes de morir y del hecho de que él había legado ciertas indicaciones especiales, a un hijo que habrían de tener mis padres después de su muerte, ellos creían firmemente que yo era la reencarnación de aquél. Cuando tenía dos años de edad, fui reconocido oficialmente como la re-encarnación de un alto tulku' de la escuela ñingmapah y se me ofrecieron unos hábitos. No recuerdo muchos de los detalles de lo que pasó entonces, pero sé que después de ello recibí una gran cantidad de regalos.

    Luego, a la edad de cinco años, fui también reconocido por el decimosexto Karmapa y por el Situ Rinpoche de aquella época, como la encamación de la Mente de otro gran maestro: el último Choguiel' —o sea, la re-encarnación del Shabdrung Ngawang Namguiel - del Estado de Bhután. Ese título, que significa “rey del dharma”, se daba a las re-encarnaciones del fundador del Estado en cuestión, quienes fueron sus máximos dirigentes hasta la entrada del siglo XX. Así pues, me dieron numerosos nombres y títulos —muchos sumamente largos y grandilocuentes— que yo nunca he usado, pues siempre preferí el nombre que mis padres me dieron al nacer, que es Namkhai Norbu y que, a su manera, es también bastante especial. Norbu significa “joya” y Namkhai significa “del cielo” o “del espacio”. En los nombres tibetanos la utilización del genitivo es poco usual, pero mis padres decidieron llamarme de ese modo porque, aunque habían tenido cuatro hermosas hijas, durante años habían estado anhelando tener un hijo. Tan fuerte había sido este anhelo, en efecto, que habían contratado los servicios de un monje para que realizara para ellos una invocación de Tara (ver ilustración y notas) durante un año entero pidiendo que se cumpliese su deseo. Una noche este monje, quien también se transformó en el tutor de mis hermanas, tuvo un sueño que interpretó como un signo auspicioso. Soñó que una hermosa planta crecía justo enfrente de la chimenea de la casa de mis padres.

    La planta produjo una hermosa flor amarilla que se abrió y se hizo muy grande, y el monje quedó convencido de que aquello indicaba el nacimiento de un niño varón. Más adelante, cuando nací, mis padres estaban tan contentos que sintieron que yo era un regalo de los cielos. En consecuencia, me llamaron “Joya del Espacio*', que es el nombre que siempre he usado.

    Mis padres fueron siempre muy cariñosos conmigo. Al crecer, me transformé en un muchachito tan travieso como cualquier otro, y fue en casa donde aprendí a leer y escribir. Cuando niño, frecuentemente soñé que viajaba a gran velocidad, en lo que me parecía ser un tigre, una extraña bestia rugiente. Nunca había visto un vehículo a motor, ya que entonces no había ninguno en la parte del Tibet en que vivíamos. Más adelante, por supuesto, viajé en muchos automóviles, y entonces reconocí que era en dichos vehículos, donde me encontraba en mis sueños. Fue en mi temprana adolescencia, cuando iba a caballo por la ladera de una montaña, que una noche, al mirar la nueva carretera china que pasaba por abajo, vi camiones por vez primera. El rojo de las luces traseras brillaba en los gigantescos camiones que avanzaban con estrépito, y pensé que éstos se encontraban en llamas. También soñé con extraños objetos voladores encendidos, que explotaban causando una destrucción terrible. Ahora sé que lo que vi eran los misiles que se estaban desarrollando muy lejos, en otras partes del mundo, aunque por suerte, todavía no he visto en mi vigilia, la guerra que vi en sueños cuando niño.

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